El café de los sueños

Los viernes se reúnen.

En el segundo piso del edificio del Partido, se produce una atmósfera de fraternal camaradería.   Hay una alegría flotando en el ambiente, que se nota en las conversaciones, en los diálogos, en el ajetreo apurado de las compañeras que llevan y traen los platos a las mesas.

Hay en el ambiente un humor típicamente magallánico, de puntarenenses acostumbrados a los ancestros chilotes.

Teresa ponía a hervir las vienesas, Tamara recorría las mesas repartiendo los platos, Walter ayudaba a lavar la loza, Natacha servía los pedidos, Margarita preparaba la mayonesa de los completos y la cocina funciona como una insólita célula organizada, como un equipo de trabajo experto y especializado.

Viernes en una tarde de noviembre: afuera, un viento helado nos recuerda que el invierno no termina de irse y la incierta primavera no termina de llegar.   Aquí adentro, el balcón de los fumadores, tiene la puerta abierta a las conversaciones de política y de la vida.

edificiocomunista

Llegan los viejos militantes acompañados de su sabiduría inquieta y sus amigos e invitados, llegan los hijos de los viejos compañeros y los hijos llegan con sus hijos, los nietos que algún día mirarán con otros ojos los retratos de los viejos héroes comunistas que cuelgan de las paredes del improvisado salón.

Aquí la fraternidad comunista no es una frase, se vive en vivo y en directo.

En medio del bullicio, sigue llegando gente y hay que traer otras mesas y más sillas.

El ambiente es naturalmente familiar, porque se pueden reconocer en medio de los animados asistentes, los nombres y los honrosos apellidos: están los Alarcón, los Borquez, los Rogel, nombres presentes a través de una familia extensa de compromisos y lealtades. Y a mucha honra, porque representan un legado a través del tiempo.

Allí adentro las miradas bastan para reconocerse, para entenderse, para saberse parte de un mismo propósito, de una misma mística, de una misma militancia por la vida.

Se conversa de todos los temas que trae cada comensal, mientras el café caliente y los trozos de torta casera permiten prolongar la conversación en medio del bullicio de decenas de conversaciones simultáneas.

Este es un café que nos permite soñar.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *