De la tolerancia represiva gubernamental a la intolerancia social

El año 2010 la consigna de la derecha al llegar al gobierno atendió a la excelencia, con frases como “El Gobierno de los mejores” y el “24/7”. Cabe recordar, que a propósito de las multitudinarias movilizaciones del 2011 no fueron pocos los personeros de ese sector que exigían generar un relato que guiara el camino político. Consigna ésta del Senador Longueira, cuyo propio relato se vinculó al amañado trámite legislativo de la Ley de Pesca, razón por la que hoy se encuentra procesado como ex Ministro de Economía.

Es obvio que en política se utilizan todo tipo de construcciones conceptuales como forma de apoyar ideas, para que estas puedan acercarse al ciudadano. Pero el conjunto de ideas -– a modo de mero ejercicio comunicacional– puede esconder un profundo vacío al no existir un PROYECTO DE PAÍS. Al no existir un proyecto de esta magnitud por parte del gobierno y el sector que representa, es fácil llenarse de lugares comunes que se machacarán cuantas veces sea posible y necesario, de manera de transformarlos en sentido común. Ejemplo de esto fue durante la reciente campaña presidencial el “Chilezuela” y la frase “Piñera dará trabajo”. El “Chilezuela” destapó, en ciertos sectores de la sociedad chilena, increíbles muestras de intolerancia en redes sociales hacia cualquier cosa y, peor aún, persona que pareciera distinta. En efecto, la campaña presidencial evidenció en el ámbito público la existencia de todas las fobias sociales posibles que se expresan en la vida cotidiana.

La derecha, entonces, no sólo tiene que administrar Chile y nuestra región sin un proyecto país – a lo sumo desplegar políticas para profundizar el neoliberalismo y paralizar conquistas sociales– sino que también desplegar “relato” a través de los municipios, las policías e institucionalidad a su disposición, el que consiste en una noción de orden conservador basado en la tolerancia represiva. De este modo, en el Tribunal Constitucional se modifica por protocolo la Ley de aborto en tres causales, y por otra parte presenciamos la persecución de comerciantes ambulantes en las comunas de Providencia y Temuco, donde a través de la fuerza se desalojó a mujeres mapuche que vendían productos agrícolas, tan peligrosos para la institucionalidad como el cilantro. Se intentará modificar bajo criterios restrictivos la Ley de Migración, y se presentará una nueva Ley Antiterrorista que dé cuenta de los nuevos “enemigos internos”. Como preámbulo se erigirá una mesa técnico-política (mal llamada “de unidad nacional”) para la Araucanía. En materia internacional, el gobierno sostiene un cómplice silencio sobre el genocidio palestino y una aprobación de lacayo sumiso frente a el ataque unilateral de EE. UU a Siria.

La tolerancia represiva gubernamental deberá administrar la intolerancia social que ella misma ha producido. Tres expresiones recientes respecto a la intolerancia son: las movilizaciones para reponer la pena de muerte lo que se ha denominado “Ley Sophia”, la carga nacionalista producto de los alegatos en La Haya frente a la presentación boliviana, y el tratamiento al tema de la inmigración, siguen siendo una constante. La tolerancia represiva de la derecha en el gobierno, ha abierto la puerta para que emerjan grupos organizados que realizan su análisis de la sociedad chilena basados en la intolerancia. Por ello, éstos tienden a encontrar culpables de la degradación moral de la patria, y con ello de sus propias vidas, en el extranjero (xenofobia), en todas las personas que poseen una identidad sexual distinta (homofobia), en los pueblos originarios, las mujeres, los pobres (delincuentes) y, por cierto, en los comunistas. No es menor que cerca del 8% del electorado haya votado por José Antonio Kast, no es casual que este personaje recorra distintas universidades de nuestro país apelando a la tolerancia cuando es funado, pero manteniendo un discurso de intolerancia acérrima.

¿Qué tan lejos o tan cerca se encuentra Magallanes de la intolerancia? ¿Cómo tratamos al migrante en la calle, en el trabajo y en el almacén? ¿cuál es la visión de todos esos “otros distintos” que en definitiva somos todos?

El pasado viernes 13 de abril la sede regional del Partido Comunista de Magallanes, ubicada en calle Chiloé 1259, Punta Arenas, amaneció empapelada de afiches de una organización denominada “Acción Identitaria”. En su sitio web, esta entidad se autodefine como “un movimiento social e identitario chileno que se presenta como una respuesta al progresivo y deliberado olvido y deterioro de nuestra identidad nacional, ante el avance de la globalización y los antivalores del mundo moderno” y declara buscar “una sociedad orgánica, íntegra y jerárquica donde primen los intereses de la comunidad nacional”. Doctrina nacional socialista, pura y dura.

Vale decir, el neonazismo está en Magallanes. A diferencia de “Acción Identitaria”, el Partido Comunista de Chile sí tiene un domicilio conocido. Además de Chiloé 1259 en Punta Arenas, nuestro lugar está donde se encuentren los discriminados, los explotados y expoliados, los trabajadores, las mujeres, los pobladores, todos aquellos que posean una identidad distinta y que debe ser reconocida, los pueblos originarios y los migrantes. Es ahí donde encontraran al Partido Comunista, intentando como ha sido siempre su historia, generar los más amplios acuerdos posibles para profundizar la democracia, para lo cual se requiere la superación del modelo económico-social vigente al ser incompatible con una real democracia.

 

PARTIDO COMUNISTA DE CHILE

REGIONAL MAGALLANES

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