Chile ha cambiado en 4 años – Editorial de El Siglo

Editorial. El Siglo. Hubo una conjunción de voluntades y esfuerzos que terminaron en logros.

En un camino de transformaciones -dando cuenta de nuevos tiempos y demandas de la sociedad- convergieron trabajo y compromiso del movimiento social, de legisladores, del Gobierno y de fuerzas políticas para avanzar en medidas concretas que contribuyeron a consagrar derechos sociales, respetar diversidades, democratizar la institucionalidad y el país, y responder a demandas del pueblo, de los trabajadores y de la sociedad civil.

Hay un elemento caracterizador de estos cuatro años, donde se desarrolló el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet y de la Nueva Mayoría. Se dio un giro en la agenda del país. Cambió, positivamente, la conversación y los desafíos en el seno de la sociedad chilena.

Hoy, hasta personeros de la nueva administración de derecha, están hablando de reforma de pensiones, de cómo asumir la gratuidad en educación, de los derechos de la niñez, de legislar en materia de diversidad sexual -por poner algunos ejemplos-, obligados ante la circunstancia de la agenda instalada por el Gobierno saliente y amplios sectores sociales.

Es innegable, haciendo un recuento objetivo y serio de los proyectos y medidas materializadas en estos cuatro años, que se avanzó en una reforma estructural en educación, se profundizó el sistema democrático, se consagraron derechos civiles para diferentes sectores de la sociedad, se consiguió una reforma tributaria que permite mayor captación de recursos para metas sociales, se dieron pasos decisivos para el combate a la corrupción y las malas prácticas en el sector público y privado, se concretó el cambio en la institucionalidad y derechos de la niñez y la mujer, se dieron pasos fundamentales con la reforma laboral, entre otras cosas.

La complejidad, amplitud y profundidad de las reformas en este periodo, significó que se cometieran errores e imprecisiones, y ciertamente hubo temas en vivienda, salud y derechos humanos, que no fueron abordados de manera decidida y quedaron al debe. Incidió negativamente que dentro del campo oficialista hubiera expresiones conservadoras y de torpedeo al programa de Gobierno. Pero como se ha dicho, las responsabilidades son compartidas.

En ese marco, no hay que minimizar ni soslayar el impacto de campañas y ofensivas conservadoras y anti-reformistas desarrolladas por la derecha política y económica, por la red de medios de comunicación oligopólicos y privados, por personeros del gran empresariado y defensores de la restauración del neoliberalismo y las normativas autoritarias. En estos cuatro años, la derecha, en sus distintas expresiones, hizo todo cuanto pudo para oponerse y hacer abortar el proceso de reformas, para atacar a Michelle Bachelet hasta con bajezas, para desacreditar el proceso progresista y transformador.

Como sea, al terminar estos cuatro años, Chile es más democrático, más progresista, más digno y tiene bases más sólidas para avanzar hacia la justicia social y la equidad económica.

Hasta culturalmente la sociedad chilena operó un cambio en estos cuatro años, lo que incide en el respeto y la convivencia entre chilenas y chilenos, y en la consagración de derechos ciudadanos, civiles, laborales, electorales.

Sin duda que el país cambió positivamente. Este Gobierno de Michelle Bachelet, y que lo fue de la Nueva Mayoría con sus fuerzas de centroizquierda, deja un país con logros precisos y desafíos abiertos en cuanto a derechos sociales, equidad económica, y respeto a los ciudadanos. Eso es lo que hay que proteger y defender, y ante eso hay que parar propuestas y nuevas batallas.

El término de los cuatro años de Gobierno de Michelle Bachelet no es la finalización de las luchas, los esfuerzos y el compromiso por seguir transformando a Chile, con el eje central de expandir y profundizar los derechos del pueblo, los trabajadores, los estudiantes, las mujeres, los adultos mayores, los migrantes y tantos otros sectores que componen esta sociedad y este territorio.

Habrá continuidad en las demandas de educación gratuita y de calidad, de acceso a una salud de calidad, de pensiones dignas, de más derechos laborales, de nueva Constitución, de viviendas adecuadas, de un transporte eficaz, de verdad y justicia en derechos humanos, de más derechos para la mujer, de verdadera descentralización, de reforzamiento de la calidad de la democracia, de consagración de derechos de los pueblos indígenas, de protección de recursos naturales chilenos como el lito, el agua y la pesca, de mayor seguridad pública con más prevención, y de una política exterior soberana y latinoamericanista.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *